Igual miento un poco cuando digo que leer Crímenes bestiales, de Patricia Highsmith, es un momento de diez.
Algunos de los relatos son altamente escalofriantes: a veces por culpa de los animales y, otras, a causa de la inquina humana. Sea como fuere, sinceramente, no considero perdido ni un minuto de los dedicados a leer esta obra de relatos con animales.
Con gatos y de gatos hay 3 que comento de forma separada al conjunto de la obra. Al final de la entrada pondré los enlaces por si quieres saber más sobre ellos.
Cada animal en cada relato lucha por sobrevivir en los espacios compartidos. Desde nuestra posición, consideramos que no son conscientes del daño que nos han hecho, de comernos e, incluso, de quitarnos la vida por revancha y de forma ¿merecida?
¿Son realmente inocentes todos ellos? ¿Son conscientes de ser culpables de asesinato o está en su naturaleza de supervivencia? ¿Se merecen los humanos de los relatos lo que les pasa?
Lee y reflexiona. Luego, me cuentas.
Así es como he leído este libro de relatos: uno cada día.
Por experiencia de tantos años de lectura, sé que, en algunos casos, cuando se leen todos los relatos seguidos, al final no se analiza cada historia correctamente y en todo lo que se merece.
Tras su lectura, queda decidir si comentar extensamente cada uno por separado, hacer un mínimo de resumen o, simplemente, poner el título. Y no te vayas a pensar que es una decisión fácil porque habría mucho que contar. Son relatos sencillos, de agradable lectura, pero muy complejos.
Después de unos días, he decidido optar por título y un escueto resumen.
Frufú
Frufú es una pata. Va a elegir entre cárcel o suicidio. La libertad no depende de ella.
Embuste
Embuste es un caballo.
La niña habla de destrucción, de matar o derribar lo que ya no sirve, de las relaciones humanas plagadas de embustes.
Lino, Clero, Clemente, Sixto, Cornelio y Cipriano
La misa ya no es lo que era. Las vacas ya no se comportan como antiguamente. Los humanos son capaces de destruir años y años de trabajo solo por diversión. ¡Pobres hormigas!
¿Hacia dónde vamos como sociedad?
Los cambios no siempre son buenos ni para mejor.
Ulises
Un erizo a punto de ser atropellado hace pensar a la narradora en si elegimos el camino correcto para desarrollarnos como personas.
Elad
Una mariposa.
Elad no es una mariposa. El amor de ella y Elad es esa mariposa moribunda porque se precipitó a la vida antes de estar totalmente formada.
Horacio
Horacio es una rata muerta. La cafetería, una prolongación del teatro. Los clientes, actores de la vida real.
¿Quién es el loco? ¿El que lo parece o los que se ríen, sintiéndose cuerdos?
Tosco
"Tosco es costo al revés", le dice ella a él mientras se ríe.
Tosco es un gato libre. Ellas creen que son mujeres libres. El hombre sabe que no es libre. Una relación de falsa amistad entre un hombre acomodado, dos chicas bohemias y un gato.
Lo comenté en una entrada especialmente dedicada a Tosco. Toca su nombre si quieres saber más.
Merlín
Merlín es un mirlo.
Un relato que destila tristeza por razones desconocidas y, al mismo tiempo, la felicidad en la confianza, en la inocencia de los animales, los árboles y las flores.
Rudi
Rudi es la ardilla que adopta huérfanos de la misma rama familiar
Conmovedora historia en la que me he visto reflejada en algunas partes.
La muerte inesperada es el desencadenante de la narración.
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Relatos de animales y humanos; los más destructivos, estos últimos.
La naturaleza ve interrumpido su proceso de vida por la destrucción de personas que se creen superiores, que necesitan más y más, de lo que sea, y lo llaman progreso.
Vida y muerte. Amor y desamor. Traiciones. Culpabilidad. A través del encuentro con pata, hormigas, caballo, perro, erizo, mariposa, gato, pájaro, ratón, ardilla, el ser humano que interviene en cada relato cuenta o recuerda una historia, destruye o se propone mejorar él mismo y su entorno, se conoce un poco mejor.
Está por ver si cada uno de nosotros seremos capaces de poner algo, un poco, no pido mucho, de nuestra parte para que animales, plantas, tierra, cielo, agua, no terminen por desaparecer. Tal vez nosotros, antes que ellos.
Estamos en el borde no es una lectura divertida, tampoco creo que esa fuera la intención de su autora. Es tranquila, profunda, triste, con un pequeño toque de esperanza a veces. La intención es hacernos reflexionar con diferentes relatos que tienen como nexo común un animal, humanos y la naturaleza. No son repetitivos. No son aburridos. El impacto en nuestro cerebro será diferente dependiendo de nuestra educación, nuestra conciencia y nuestra predisposición a la acción.
Unos días antes de viajar a rel para disfrutar de un fin de semana, leí una entrevista que le hicieron a Hannah Jane Parkinson en relación a la publicación en España de su libro La alegría de las pequeñas cosas.
Se trata de un libro en el que se recopilan varios de sus artículos publicados en el periódico The Guardian. Al buscar más información, vi que uno de ellos se titulaba Acariciar gatos.
Me pareció bonita la idea de comprarlo en Valladolid y traerlo como recordatorio de lo que, sabía, serían unos días agradables de desconexión, ruptura de la rutina y buenos recuerdos.
El sábado, después de comer en la Plaza Mayor, pasamos por delante de La casa del libro. Entré, pregunté y lo compré, junto con la bolsa que aparece en la imagen.
En Acariciar gatos nos cuenta que adoptó a Miles, un gato negro de ojos dorados, su relación con él, lo que les gusta a ambos y los beneficios de tener una mascota en casa. Es un artículo muy tierno y el que más me ha gustado.
Una vez comentado lo referente a Acariciar gatos, tengo que reconocer que el resto del libro no me ha parecido nada excepcional y, de haberme imaginado el contenido, ni lo hubiera comprado.
Como siempre digo, hay lectores para cada libro; así que no te dejes influir por mi opinión porque a ti tal vez sí te guste.
Lo que yo veo aquí es eso que, si eres lector habitual, habrás visto en más de una ocasión: Persona famosa y reconocida por su trabajo, recibe una propuesta de una editorial de hacer algo diferente y liviano. En este caso: recopilar artículos ya publicados en un periódico.
No hay una línea de continuidad ni relación entre ellos, salvo que son experiencias personales de la autora, vivencias de diferentes días y momentos de su vida en los que va desgranando sus emociones, traumas, alegrías, tropiezos, amistad, amores, etc., esas cosas normales que nos pasan a todos los humanos y que nunca llegamos a escribir porque no tenemos capacidad o porque estamos ocupados y atrapados entre el trabajo y la familia.
La misma autora dice en su artículo Dejar de leer un libro (página 231): Ya no lo hago. Me he dado cuenta de que la vida es demasiado corta como para gastarla en algo que no me aporta nada, no me emociona ni compensa el tiempo invertido. Y añade que suele donar esos libros que no termina.
Yo he leído su libro hasta el final; soy de esas personas tozudas que, a pesar de los años y la experiencia, sigue terminando libros, me gusten o no. Eso sí, me estoy planteando seguir su consejo. He decidido darme un mes. Lo pondré en la estantería con los demás libros de gatos y anotaré en la agenda, en el día 26 de octubre de 2022, si lo llevo a una biblioteca municipal. Ya que es una novedad, cualquiera de ellas lo aceptará.
A veces, caen en mis manos libros que no son novelas. Curiosamente, sabiéndolo de antemano o sin tener ni idea, en todas se menciona o sale algún gato.
En la página 265 de esta edición, cuando habla de Muybridge y Marey, cuenta que este último creo unas composiciones que comprimían el tiempo en una sola imagen y las llamó "cronofotografías". Un famoso ejemplo fue una placa que mostraba las posiciones sucesivas de un gato mientras giraba en el aire y rectificaba su postura justo antes de tocar el suelo para caer sobre sus patas.
Mi Londres, Bajo el sol de la Toscana, El arte sueco de ordenar antes de morir, Cuál es tu tormento (te dejo al final los enlaces a las entradas del blog en las que los comento, pues todos son muy recomendables), al igual que Todo en su sitio, son autobiográficos, ligeramente novelados y, de diferentes formas, han calado hondo en mi mente revuelta, siendo como son, todos muy diferentes.
Son personas que han vivido mucho, viajado, conocido a otros humanos importantes en diferentes ramas de las ciencias, las artes y las letras, con una facilidad para escribir y comunicar que ya querrían muchos novelistas.
Curiosamente no les envidio, ni siento celos por sus conocimientos ni por su fama, por lo mucho que han aportado al mundo y a su entorno. Lo que siento es una gran admiración. También satisfacción por haber podido leerlos y, por unos instantes, a través de la lectura, haber formado parte de sus vidas, aunque solo haya sido como espectadora.
Descubrí Todo en su sitio, de Oliver Sacks, en un tuit de la editorial Anagrama. Solo se veían los lomos de sus otros libros, excepto del que cito que mostraba la portada. Me fijé en él porque había un gato (media cara, en concreto) en la ilustración. Investigué un poco, averiguando que se trataba de relatos. Lo solicité mediante préstamo interbibliotecario (Oliver Sacks estaría orgulloso de mí por querer leerlo en papel y utilizar las bibliotecas) y me dejé sorprender.
Me alegro de haberlo encontrado y leído. Me ha hecho reflexionar sobre muchas cosas de este mundo nuestro que estamos destrozando y sobre los humanos de siglos pasados quienes, con sus descubrimientos, pensaban que el futuro sería mejor de lo que está siendo.
Oliver Sacks se fue en 2015. Creo poder afirmar que sabría cómo se sentiría de haber vivido los acontecimientos de 2020, 2021 y 2022: Decepcionado con la humanidad.
A través de la web Open Culture, descubrí el extracto 'Town of cats', que se encuentra publicado en la obra de Haruki Murakami titulada 1Q84, formada por 3 partes (se puede encontrar traducida a nuestro idioma)
Por supuesto, no dudé un instante en leerlo. Al final de esta entrada, te dejo el enlace a The New Yorker. Estará disponible temporalmente, por lo que te recomiendo imprimirlo si no lo vas a leer inmediatamente. Además, como está en inglés, igual necesitas buscar alguna palabra, lo que servirá para aprender algo de vocabulario nuevo.
No fue lo que esperaba. Sin embargo, me resultó una lectura gratificante, triste, extraña, reflexiva, compleja en su simplicidad.
El extracto narra un día en la vida del protagonista, Tengo, un hombre de 30 años que decide visitar a su padre, recluido en una residencia para enfermos mentales. Todo hace indicar que tiene Alzheimer. Sabe que no le reconocerá, pero necesita hacerle una pregunta existencial muy importante para él, y obtener una respuesta, esperando que la mente de su padre aún conserve algún signo de claridad.
Durante el viaje en tren, lee un relato titulado 'Town of cats' que trata sobre una ciudad controlada por gatos y un humano que pierde su identidad por su curiosidad.
Cuando está con su padre, este le pide que le lea algo. Decide leerle ese relato. Al terminar, su padre parece haber comprendido mejor que él el mensaje: No hay vacío. Si algo se queda vacío, algo vendrá a ocupar ese espacio. No fuimos nada. No somos nada. No seremos nada.
Gracias a la lectura de 'Town of cats'', padre e hijo se reconcilian.
Este es el enlace a Town of cats, publicado en The New Yorker en agosto de 2011.