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28/02/2025

Los tres mosqueteros: Los gatos de Villar de Plasencia

Dejamos Ávila después de 2 días conociendo lo más singular de esa ciudad. No es mucho tiempo, pero sí suficiente para hacerse una idea de su importancia histórica y monumental. Nos dirigimos hacia Cáceres y paramos a repostar gasolina en una de esas estaciones de servicio que están fuera de la autopista, en la entrada de un pueblo llamado Villar de Plasencia.

Ya es casi la hora de comer y en el hotel no tenemos entrada hasta las 4 de la tarde. Haciendo cálculos, llegaríamos a una hora en la que, posiblemente, no encontremos un restaurante que nos atienda.
 
Justo pegado a la gasolinera hay un bar con terraza y convenzo al otro humano de que coma allí. Yo tengo mis dudas de poder encontrar alguna opción sin gluten, así que me queda la alternativa de coger mi bolso de "por si acasos" que siempre llevo cuando viajo: una bolsa pequeña de patatitas Ruffles (sin gluten), una chocolatina (sin gluten y sin lactosa) y una manzana. De todas formas, pregunto al camarero y el cocinero sale a hablar conmigo y me dice que me preparará un plato combinado libre de gluten que podré comer con total tranquilidad. Así da gusto, la verdad.
 
Nos sentamos en la terraza. Hay otra mesa ocupada ya con la comida dispuesta.
 
Y aquí es cuando aparecen los 3 mosqueteros gatunos con toda la pinta de ser hermanos de una camada reciente. Calculo que tendrán unos 6 meses como mucho. Se les ve cuidados en el sentido de que no les falta comida.
(Puedes ver en las fotos que no están desnutridos ni tampoco sucios)
 
gatos-villar-de-plasencia

Los 3 se van acercando sigilosamente a esa mesa, se sitúan en diferentes posiciones, 2 de ellos maúllan suavemente para llamar la atención de los 4 humanos..., pero la humana adulta se incomoda con la presencia felina, se levanta y le dice a su familia que cada uno coja su plato y entren en el comedor del bar. 
 
Dos de los gatitos los miran irse, mientras el otro se marcha, triste, en dirección a la gasolinera.
 
 
Llega nuestra comida y vuelven a interpretar la misma función: acercamiento lento, maullidos lastimeros, rodeo de sillas y mesas. Se nota que han representado la misma obra durante meses y no le tienen ningún miedo al público. Eso sí, se aprecia a simple vista que el protagonista es el gatito negro, el tímido -creo que gatita-, la atigrada, y la dama que insiste poco y muestran su desdén ante la indiferencia del público, la gatita de 3 patas y media.
 
No les doy nada de comer porque sé por experiencia que no se irán y porque no quiero incomodar a la pareja recién llegada que está sentada en la mesa de al lado.
 
Termino de comer la cantidad a la que estoy habituada y me sobra carne y jamón serrano.
 
Veo que ella ya no está visible. La tímida y el protagonista están a un par de metros de mi silla. Me levanto y salgo de la terraza en dirección al aparcamiento.
 
Los 2 saben la que se avecina y me siguen; pero la sartén la tengo yo por el mango. Siseo y silbo un poco y ella aparece por detrás del edificio rectangular en el que está el bar, caminando como si no fuera consciente de que le falta media pata.
 
 
Ya tengo a los 3 mosqueteros frente a mí, mirándome con los ojos redondos porque saben que tengo carne y que es para ellos.
 
Más que por conocimiento, lo hago por intuición, y pongo trocitos de comida en 3 sitios diferentes para que cada uno se tome su ración y no deje a sus hermanos sin nada.
 
Terminan y me miran esperando más. Es el turno del jamón serrano. A gata Rassel le gusta, así que doy por sentado que también a ellos. Cuando acaban todo, les hago el mismo gesto que a Rassel: les muestro las manos vacías y digo: "Ya no hay más". Y se van tranquilamente a tumbarse a la sombra.
 
Desde el coche los miro con una sonrisa y les deseo una buena y larga vida. 


Fotos: Etel García (septiembre, 2024)

20/12/2021

12 días con Shiva

Apenas tenía 1 añito cuando la conocí. En ese momento le dije a su humana que si algún día necesitaba que cuidara de Shiva, no dudara en pedírmelo. Vivimos muy cerca la una de la otra, así que no supondría ningún problema.

Y ese momento llegó. La humana se iba de vacaciones, justo cuando terminaban las mías, por lo que Shiva quedó en su castillo a mi cargo durante los últimos 12 días de septiembre.

12-dias-con-shiva

¡Toda una odisea y una nueva y maravillosa experiencia!
 
Teniendo en cuenta que solo he convivido con gata Rassel, tener la oportunidad de observar de cerca y durante tanto tiempo a otra gata, me ayudaría mucho a recopilar información del comportamiento felino que no fuera solo a través de novelas gatunas.


Y así han sido los 12 días con Shiva, la gata adolescente.

Tiene actitudes típicas gatunas, similares a las de gata Rassel. Luego están las suyas, por su raza mezclada y por el estilo de vida con su humana.

El primer día fue un tanto caótico. No quería saber nada de mí. Comió, bebió y fue al arenero, más que nada por una obligación natural de hambre y esas otras cosas. Se escondió en la parte de arriba de un armario del mismo color que ella. Pasé media hora buscándola por cada rincón de la casa hasta que descubrí 2 canicas verdes y brillantes observarme desde lo alto, con indiferencia más que con miedo.

El segundo día la relación cambió un poco. Hubo acercamiento. Yo dejé que fuera ella quien actuara. Todo fue bien, salvo porque me echó del asiento del sofá. Luego su humana me dijo que era "su asiento".

Y así seguimos, parloteando ella mucho cuando yo llegaba y que quería decir "Ven conmigo a la cama que quiero jugar". La cama es su ludoteca. Todos los juguetes, plumas y bolas de papel que le gustan, terminan allí. Gata Rassel va a la cama a dormir. Para jugar prefiere la alfombra de sisal de 3x3 en la que todos los días, por la mañana, aparecen sus 2 peluches preferidos (¡No sé para qué le he comprado hasta una docena!) y alguna que otra bola de papel.

Le compré un juguete para ganármela un poco (en realidad, es un llavero al que le quité el enganche), esa margarita naranja y amarilla de la que no se separaba. También le llevé un ratoncito y una pelota con plumas que a Rassel no le gustaron nunca y con las que Shiva no dejó de jugar desde el primer momento.


Yo pensaba que Rassel tenía una paciencia infinita hasta que conocí a Shiva. Rassel se puede quedar quieta unos minutos, mirándome fijamente a mí o al suelo. Luego se cansa y se va. Shiva estuvo un día hasta 15 minutos, inmóvil, observándome sin pestañear: parecía una estatua. Me dio un poco de pena y me levanté. No tardó ni un segundo en correr pasillo adelante hasta su ludoteca, toda contenta. Creo que hubiera podido permanecer así media hora y la hubiera visto levitar como a los monjes budistas.
 
 
Para terminar, quiero aclarar que si no colaboro como casa de acogida o ayudando en el cuidado en las calles es porque tengo alergia. Estos días, cuidando de 2 gatas, me ha afectado mucho al sistema respiratorio, sumado a un cansancio generalizado que aparece por, supongo, la lucha de mis órganos para defenderse de la alergia. Aun así, he podido cuidarlas y disfrutarlas, tanto a Rassel como a Shiva.

27/02/2020

Nunca es un cumpleaños más. Cada uno es nuevo, único y especial.

Querida amiga, este año tienes mucho que celebrar. No solo cumples un año más, sino que en unas semanas darás vida a una personita que aportará belleza y serenidad a este mundo.
Junto a sus hermanos, completará el hogar que habéis creado y que siempre imagino tranquilo, lleno de juegos y mucho amor.

gato-tarjeta-cumple

Cada año, desde que nos conocimos a través de los blogs, trato de buscar esa postal con gato, siempre diferente, que pueda hacerte sonreír cuando la recibas y que te apetezca utilizarla como marcapáginas o ponerla en algún lugar de tu casa, cerca de un tarro de cristal transformado en florero, lleno de margaritas y algunas ramitas y hojas de tu jardín.
No sé si algún día podremos estar físicamente en una mesa y hablar. Nos imagino con un par de tazas de té y algún dulce. Hablando como si no fuera la primera vez que nos podemos abrazar.
Siempre te desearé lo mejor.

Texto y foto: Etel García 

14/12/2019

Nunca me regalaron una Barbie

Era un día de noviembre de 2017. Estaba comprando en un supermercado las cosas cotidianas. La  vi cuando iba a pagar en caja. Fue primero el gato -más bien creo que gatita- y luego, ella. No me pude resistir y la compré.

Era un calendario de esos que se habían puesto de moda hacía poco tiempo, que tienen ventanitas para ir abriendo cada día del 1 al 24 de diciembre, calendario de adviento, se llama.

Por supuesto nunca las abrí porque no quería estropear la foto. No tenía valor a romper aquella preciosa imagen, así que guardé la caja en un armario.
Hace unos días la encontré. Los chocolates habían caducado.

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Dos años más tarde le hice una foto y hoy la comparto en el blog porque no quiero olvidar que nunca me regalaron una Barbie. Esta fue la primera y supongo que la única, y me la compré a mí misma. Porque si alguna vez pierdo mis recuerdos, espero que alguien me traiga aquí para saber que durante un tiempo, en mi casa, vivió una Barbie de cartón que llevaba una gata blanca en brazos.

Ayer la tiré: el plástico al contenedor de plástico, el cartón al de cartón y los chocolates al de materia orgánica.

Relato: Etel García

06/10/2019

Desde el Mar Cantábrico va al Mar Mediterráneo un deseo de ¡Feliz Cumpleaños!

Lo decía en Facebook hace unos días, que tener amigas gatunas me permite disfrutar de comprar postales con gatitos para felicitarlas por su cumpleaños.
El proceso resulta muy divertido: la búsqueda y encontrar aquella imagen que sientes le va a gustar, o que identificas con la personalidad de quien la va a recibir.

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¡Lo malo es que yo también quiero una para mí!

Sin embargo, no la compro. No quiero tenerlas yo también. Trato que solo ellas las posean. Claro que hay miles de personas más que la habrán recibido; precisamente eso es lo que las hace únicas porque se han enviado a humanos especiales.

Pienso que es maravilloso felicitar a L un año más, seguir en contacto después de tanto tiempo y mantener vivo el sueño de conocernos algún día, de poder viajar desde el Mar Cantábrico al Mar Mediterráneo para abrazarnos.

Querida L, espero que todo sea precioso el día de tu cumpleaños y siempre.

24/02/2019

Una postal gatuna de cumpleaños para una catlover

Hay postales que parecen estar hechas pensando en una persona concreta. Fue lo que sentí cuando vi esta preciosa postal gatuna de cumpleaños en el mes de noviembre del año pasado. Lógicamente no dejé pasar la oportunidad y la compré al instante, no fuera que cuando llegara el momento no encontrara la felicitación adecuada.

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A la cumpleañera catlover en cuestión, la conocí hace años, cuando empezaban a pulular por la red los blogs de todo tipo de temáticas.
Yo comenzaba tímidamente con el de Rassel. Ella hacía tiempo que escribía, compartía fotos de sus gatos y de su entorno. Todo era relajado y cercano. Pero lo dejó. Hay momentos en la vida en los que las prioridades cambian. Muchos pensarán que se puede compatibilizar todo. Otros deciden dedicar su tiempo a algo más real, a alguien pequeñito que les necesita a jornada completa, para crecer rodeado de amor y de atenciones. Todas las opciones son válidas. Cada uno de nosotros tiene que valorar lo que es realmente importante en cada momento.


Es agradable que, después de tantos años, sigamos en contacto, aunque ha dejado el blog y entra y sale de Instagram porque se nota que no es su elemento.

Ella pinta, y este gato es muy de su estilo. Espero que le guste, la inspire, que siga pintando y que algún día podamos conocernos en persona.

¡Feliz cumpleaños, S!

20/12/2017

¡Rassel te desea unas Felices Fiestas!

Porque no quiero perder la costumbre de enviar felicitaciones en Navidad escritas a mano con palabras que salen de mi corazón; comprar un sello, llevarlas a la Oficina de Correos para que el cartero de tu ciudad te la lleve a casa; que sea como un cálido regalo en estas fiestas tan emotivas y no una imagen fría en una pantalla.

Casi todos los años, por estas fechas, compro, y también me envían, felicitaciones de Navidad con imágenes de gatitos. Las guardo con mucho cariño en una caja dedicada exclusivamente a ellas.
Este año me di cuenta de que en ese lugar oscuro nadie las disfruta. Ahora ya no es el momento de rescatarlas; tal vez el próximo año, un día cualquiera, les haga una foto y las comparta aquí. 
Por esa razón he decidido enseñártelas. Tal y como he dicho en otras ocasiones, quiero darles un poco de vida a las cosas inanimadas que compro y que me regalan.

Esta es una postal grande que venía dentro de una caja con otras 5. Son de Hallmark y se hicieron en colaboración con la Cruz Roja, por lo que tienen un destino solidario de apoyo a diversos programas de acción social. Son justo el número que necesito para enviar por correo. La del gatito me la enviaré a mí misma porque por nada del mundo quiero desprenderme de ella, incluso creo que será un adorno de Navidad los próximos años.

¿Ves los bigotes de Rassel? ¡No puede evitar cotillear en todas las sesiones fotográficas!

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Estas son pequeñas, muy adecuadas para adjuntar con los regalos de estas fiestas y poner una dedicatoria a quien los reciba. Son de Hallmark.


La postal con toque shabby, me la ha enviado mi amiga gatuna Lídia, de Cafés en solitario. ¡¿Verdad que es preciosa?! Es un diseño de Ingelook, Finlandia.


¡Feliz Navidad! ¡Felices Fiestas!

Espero que alguna de las cosas que todos ponemos en nuestra particular lista, se cumpla. Al menos, cada uno de nosotros seguro que hará lo posible porque así sea. Recuerda anotar también algo especial para tus peluditos pues, seguro, se lo merecen.

Un fuerte ¡Miaumuac! gatuno y humano.


Nota: En esta publicación no hay publicidad. Los enlaces son meramente informativos.

07/10/2012

Momento mimo

Lo que debería ser un post de un momento mimo, se ha transformado en dos momentos mimo ya que Saida de Cuatro gatitos que somos le ha dado un premio a este blog en el que yo, Rassel, y la humana que me adoptó, trabajamos con mucho gusto y placer leyendo y buscando libros gatunos para que todo el mundo sepa más de nosotros.
El primer momento mimo se refiere a mi, gata que nada gusta de subir al cuello de los humanos pero a la que le encanta que le achuchen la cabeza y las orejas. Mucho tiempo lleva Etel intentando hacerme una foto así, como ésta, porque el sonido de encendido de la cámara me pone alerta. Esta vez me engañó y utilizó el móvil que por nuevo, aún desconozco sus ruidos. En fin, me ha pillado y ahora todos sabréis cual es mi debilidad.

momento-mimo

Y el otro momento mimo, el no esperado y muy agradecido:


Ahora tendría que nombrar a blogs que también se lo merecen pero Etel me ha dicho que Lídia y sus gatos de Cafés en Solitario también lo han recibido y han decidido dárselo a todo aquel que les visite. Pues ahí queda eso, yo también quiero que todos los gatos internautas se lo lleven porque todos hacemos de Internet un mundo más dulce y humano, sí humano pues quien tiene un gato sabe mucho de compartir.
Muchos ronroneos a todos.

12/03/2012

La mama de Rassel

Os quiero presentar a la mamá de Rassel con la camada que nació al año siguiente. 
Tal como sucede con los humanos, los animales se parecen a sus progenitores. Rassel tiene la carita de su madre y también las manchitas negras; de su padre -un gato grande y blanco- su cuerpo y el ser casi toda blanca. Por eso, quienes la ven por primera vez, piensan que es macho por su tamaño, aunque pronto se dan cuenta de su error gracias a la dulzura con la que les maúlla.

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En este mismo lugar conocí a Rassel (3 días hacía que había nacido) en la finca de mi tío, quien se encargaba de cambiar la paja todos los días para que madre y gatitos estuvieran cómodos y limpios.
La mamá de Rassel tuvo 3 gatitos, ella y dos hermanos más. Como todos los fines de semana íbamos a verlos, al final se cansó de tanta visita y se los llevó a otra zona de la finca a la que no podíamos acceder. Resulto bastante complicado coger a Rassel y reconozco que debió de ser doloroso para ella, aunque aún le quedaran dos bebés a los que alimentar. Lo que ni ella, ni yo, ni nadie esperábamos era que unas semanas más tarde un perro atacaría a los dos pequeñines y los dejaría sin vida. La mamá de Rassel atacó al perro, como es lógico el sentimiento maternal está presente en todas las especies, pero ya no se pudo hacer nada por ellos.
Al principio me sentí un poco culpable de no haber adoptado a los 3 gatitos; por otro lado tampoco quería dejarla a ella sin ninguno de sus peques. En aquellos días difíciles tuve que aceptar que había hecho lo mejor y que le había salvado la vida, al menos, a uno de sus hijos.  
Ya casi han pasado 4 años desde entonces y nunca olvidaré los sentimientos encontrados al tenerla entre mis manos. Fue muy emocionante, como un sueño hecho realidad porque desde niña sentí la necesidad de convivir con un gato y tuvieron que pasar 40 años para conseguirlo.
Nunca es tarde si la dicha es buena, dicen y, en este caso, con toda la razón.

Foto y texto: Etel García

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