Este año he vivido muchos días tristes. El último fue esta semana.
Este año he vivido muchos días tristes. El último fue esta semana.
De un tiempo a esta parte, se ha puesto de "moda" en occidente beber té matcha, en taza o vaso de plástico "para llevar", con leche o bebidas de cereales. Es puro postureo. No dudo que sea saludable, pero es una moda que a "alguien" le interesa.
La ceremonia de Té es algo completamente diferente. Es un arte ancestral que se tarda años en aprender a preparar y a degustar, a sentir y comprender. Se hace y bebe en calma, no con prisas por las calles de una ciudad abarrotada.
He visto alguna que otra ceremonia representada para turistas. Después de leer Cada día es un buen día, si fuera a Japón, creo que no querría participar: Noriko Morishita me ha ayudado a respetarlo.
Y así lo entenderás si te animas a leer Cada día es un buen día.
Esta obra trata de eso, de la ceremonia: utensilios, diferentes clases de té matcha que se preparan de forma distinta según las estaciones del año en Japón, de lo material y de lo espiritual.
Por la parte humana, trata de: actitud, introspección, perfeccionamiento, los tiempos, observación de la naturaleza, los cambios.
Cada día es un buen día es una lectura hacia el interior, de la lucha de nuestros pensamientos y de saber estar en cada momento en cada cosa que hacemos. De cosas que parecen sencillas de aprender y se tarda años.
La recomendaría en cualquier época del año, en esos momentos que deberían ser relajados, con tiempo, sin la necesidad de hacer nada más salvo sentarse, beber un té que te guste y tratar de no pensar, solo centrarse en la lectura; aunque no sepas qué es la ceremonia de Té, aunque no hayas estado nunca en Japón, aunque su cultura y la nuestra no tengan demasiados puntos en común, de todo se aprende, y esa es la enseñanza de Noriko Morishita en su autobiografía novelada.
La autora da a entender que hay algo de crecimiento personal en su obra. Yo diría que sí, del suyo. No me deja la sensación de que nos pueda ayudar a los occidentales a crecer, salvo que podamos sustituir la sagrada ceremonia de Té por una reunión de crochet o pintar o no se me ocurren más cosas. ¡Ups, sí!: clases de cerámica. No les estoy quitando importancia a estas actividades, para nada, seguro que aportan mucho y enseñan mucho, pero hay que admitir que no son comparables. Y esto lo vas a descubrir si lees Cada día es un buen día.
No es que el dibujo del gato sea muy bonito, pero... lo que de verdad importa es que son unos calcetines, que ya estamos en otoño, que por la tarde refresca (hace frío) y son muy necesarios.
Y que tengan gato ya ha dejado de ser una disculpa y es un "Son míos", punto. No me remuerde la conciencia porque es una prenda muy necesaria durante, al menos, 6 meses al año; aunque, por mucho mimo que ponga en lavarlos, no sé yo si llegarán sanos y sin roturas a junio de 2027.
No es publicidad. Happy socks ni siquiera sabe que gata Rassel y yo existimos. Bueno, ni ellos ni nadie ja, ja, ja.
Dos personas atravesando el duelo por la reciente pérdida de sus respectivos gatos, se cruzan, por casualidad, con un pequeño minino que, plácidamente, se aseaba en medio de una carretera.
Los dos lo quieren; pero, lógicamente, solo uno lo puede llevar a casa.
El gatito no elige. Bueno, sí: la cama es suya y, como la mayoría de los gatos, se acuesta en el centro, un poco como queriendo dejar espacio a ambos lados para que también descansen los humanos.
A él le da igual quién de los dos se lo lleve. Es más, ni siquiera es consciente de que terminará siendo dueño de una casa.
¿Algún día seremos capaces nosotros de disfrutar cada instante sin hacer constantemente planes para dentro de una hora, un día, un mes...? Creo que no.
Es uno de esos relatos cortos que despertarán muchas emociones. Perfecto para leer de camino al trabajo o en la hora del café. Mejor disfrutar de una agradable historia con final feliz que llenar la mente con noticias de desastres para los que no tenemos soluciones porque somos unos simples mortales sin poder de decisión.
Título: El pijama del gato
Autor: Ray Bradbury
Publicado en 2004 en la colección The cat's pajamas: Stories
Traducción: Juan Pablo Guevara
Disponible para leer en Lecturia: El pijama del gato .
Foto: Pixabay
Si ves en la sección de pegatinas de alguna tienda un paquetito con este encantador gato que tapa al resto y piensas si detrás de él hay más gatos u otros animales o flores o lo que sea, te cuento que hay 25 pegatinas de gatos a cada cual más bonita.
Me arriesgué y gané, ja, ja, ja; así, te he ahorrado que dudes y te marches sin ellas.
Solo te comparto unas pocas para que disfrutes descubriendo el resto.
Para muchos países, los colores del otoño son los marrones, naranjas, rojizos. Pues estos miauravillos gatos cumplen las expectativas y, además, muchos vienen acompañados de complementos otoñales como son el café caliente y los libros.
Alegrarán tu agenda o la libreta en la que anotas tus pensamientos y proyectos. Los puedes utilizar como marcapáginas en tus próximas lecturas en papel. O, simplemente, pegarlo en la parte de atrás de tu teléfono móvil para que, cada vez que lo sacas del bolso, no abras una aplicación, sino que te relajes mirando a un gato y pensando en... nada, en lo que piensa un gato: dormir, comer y jugar. Aunque él le dedica 24 horas y tú tan solo un minuto, esos pocos segundos serán suficientes para que un día, sea un buen día.
El gato Pelayo tiene piso propio.
Claudia no sabe si vender o no.
Manu es seco como una puerta.
Los vecinos, personajes que viven en el mismo edificio desde tiempos inmemoriales.
Las amigas de Claudia.
Algunos que entran y salen.
Y, por supuesto, el tío-abuelo de Claudia.
No son molestos. No hay un personaje maligno. No hay descripciones físicas, queda a elección de quien lee Con gato incluido cómo quiere imaginarlos. Pocas emociones. Muchas repeticiones de párrafos..., demasiadas y demasiadas veces.
Día de playa.
Intención: No mirar el teléfono móvil en todo el día, solo el tiempo justo para hacer las fotos de una actividad.
La actividad: montar un puzle de gatos y otro de perros.
Se puede hacer solo o en competición con otra persona. Cada uno elige a su animal preferido y comienza el duelo de ver quién lo termina antes. Por cierto, gana quien primero consiga la última pieza que es de doble cara.
Otro día, en uno de esos fines de semana en casa con lluvia de verano, lo desmonté para volver a hacerlo. No te creas que la segunda vez será más fácil; al menos para mí, no lo fue.
Tras este segundo intento, ya lo tengo pegado en una cartulina listo para llevar a enmarcar, el de los gatos, por supuesto.
Leer Flores para Algernon, de Daniel Keyes, me recordó una historia que me contó hace muchos años una chica con la que coincidí en la Facultad de Filología Inglesa.
Resulta que unas compañeras de clase decían por ahí que ella era "más lista que el maestro". No le dio demasiada importancia ya que esas niñas eran las "tontas" de la clase, las que no eran capaces de aprender nada y suspendían todas las asignaturas, de hecho, dejaron la escuela nada más cumplir los 14 años y sin haber conseguido el título de E.G.B.
Ella pasó al Instituto y allí conoció a cerebritos, a los de 10 y matrícula de honor. Se alegró de no haberse creído lo de que era "más lista que el maestro" y pertenecer a ese grupo intermedio que serían los listos, pero sin ínfulas.
Charlie Gordon, el protagonista de Flores para Algernon, pasó del estado de "tonto" al de eminencia y volvió al principio, sin posibilidad de quedarse a mitad de camino entre unos y otros. El experimento fue un fracaso.
Aunque al principio parecía que sería todo un éxito, el desgaste que le ocasionó a su cerebro humano aprender y asimilar tantos conocimientos de todas las materias, le hizo retroceder de golpe a sus orígenes, a su cerebro sencillo, a sus conocimientos básicos.
Por el camino de la transformación perdió amigos, su trabajo y, a pesar de que al volver a su condición de "tonto" los recuperó, en el fondo sabía que ya nada sería igual después de haber sido, durante unas semanas, un hombre tan inteligente que sobrepasó a los científicos que idearon y realizaron tan arriesgada operación.
Reflexión:
¿Se estará practicando esta cirugía en la actualidad (2026) a escondidas de la humanidad corriente?
¿En algún momento del futuro, más o menos cercano, será una realidad, algo tan normal como la cirugía estética?
Quizás, a quienes conforman ese selecto grupo de humanos que dominan el mundo, no les interese que se sepa que solo ellos (y sus familias) tienen acceso. Me gustaría verles el día en el que se desinfle el globo y vuelvan a ser viejos, arrugados, gruñones y tontos.
Flores para Algernon, de Daniel Keyes, se publicó en 1959.
Daniel Keyes, Brooklyn -Nueva York-, 1927-2014. Este relato lo convirtió en novela con el mismo título y algo más de 200 páginas, dependiendo de la edición. He encontrado 3 ediciones de diferentes editoriales en las bibliotecas municipales de Gijón y tengo pensado ir a buscar una de ellas.
Lo leí en esta recopilación: Biblioteca de Ciencia Ficción 58
Flores para Algernon está disponible para leer en la web de Lecturia.org: Flores para Algernon.
Foto ratón mayo Pixabay
Hay que tener mucho cuidado con las recomendaciones, y te cuento. Una chica de 36 recomendó leer para su club de lectura virtual la novela de Elizabeth Taylor titulada Prohibido morir aquí.
El título y la sinopsis me llamaron la atención. Tras una corta búsqueda, la encontré en eBiblio Asturias. Aunque no interactúo en el club de lectura, sí que escucho, de vez en cuando, las opiniones de los participantes y eso hice tras leer la obra mencionada.
Lo que para mí resultó ser una historia triste, de abandono, de apariencias, en ocasiones patética, en la que el edadismo (discriminación o prejuicio hacia personas por su edad que afecta, principalmente a los mayores/ancianos/senior, limitando su autonomía y bienestar) está más que presente, para ella había comedia, muchas escenas que causaban risas, entretenida, tierna y liviana.
Quedaba claro que la edad importa a la hora de leer esta novela. Eso me hizo recordar algo que pensé hace unos años y es que cuando yo tenía 30 y mis padres 50 y 55, no pensaba que yo llegaría a esa edad, era como algo lejano, muy muy lejano; pero llegué, y ellos a los 70 y 75. Y ahora estoy cada año más cerca de esa edad. Por ese motivo, leer Prohibido morir aquí no te hará sentir lo mismo, dependiendo de tu edad.
Hay un hotel con unos residentes fijos que serán los protagonistas y pasarán cosas corrientes que, como digo, las percibiremos como más intensas cuanto más nos acerquemos a la edad de los personajes. No es mi intención analizarlos, ni las situaciones, no soy crítica literaria ni estudié para profundizar en literatura, simplemente soy lectora y suelo escribir lo que me sugiere una novela, si me gusta o no, y cosas así. Para una información mucho más sesuda, seguro que encontrarás otras fuentes.
Elizabeth Taylor tiene un estilo que me gusta: ágil, sencillo, que te hace pensar, que permite percibir estados de ánimo, olores, sensaciones, emociones, ternura, que te enfadas, que te indignas. Llega, incluso, a hacerte juzgar a un personaje y, luego, sentirte mal contigo mismo porque la maldad que le atribuías no es tal, al contrario, resulta ser buena persona. No sé, como ya dije, no se la recomendaría a cierto grupo de personas por edad. En general, me pareció una buena novela con una temática poco tratada, casi tabú.
Prohibido morir aquí es un claro reflejo de la sociedad, la de la época en la que se sitúa la historia y la actual. Y es que, llegados a una edad, no valemos nada ni para nada ni para nadie.
La señora Palfrey, que se acaba de quedar viuda, decide dejar su casa en el campo e instalarse en el Claremont, un sobrio y respetable hotel de Londres que tiene como huéspedes fijos a un variopinto grupo de jubilados. ¿Y a qué va a dedicarse Laura Palfrey ahora que dispone de tanto tiempo libre? Puede salir a pasear, ir a ver una exposición o esperar a que su nieto, que trabaja en el Museo Británico, vaya a visitarla. Cuando cree que en su vida ya no habrá mucho espacio para las sorpresas, conocerá a un joven escritor con el que trabará una improbable y especial amistad.
Esta encantadora historia sobre las excentricidades y sinsabores de la tercera edad es una inteligente indagación sobre la soledad y las posibilidades de la amistad. Sus divertidos personajes, la precisión de las observaciones sobre la vida cotidiana y un fino sentido de la ironía y de la compasión hacen de este libro una narración inolvidable.
Hoy, puedes conseguir gratis (por cortesía de sus autores) dos novelas con gato en Amazon Kindle.
Por un lado, tenemos al gato Pelayo en una comedia romántica: Con gato incluido, de Paloma Andújar.
Sinopsis comercial:
(Leído. Comentado en el blog: Con gato incluido)
Eso viene grapado a la escritura. Con grapa. A un documento público.
Claudia Soto tiene treinta y tres años, una habitación alquilada en Carabanchel y un oficio que consiste en entrar en casas ajenas, quitar lo que sobra y colocar cojines para que se vendan antes, trabajo conocido como 'homestaging'.
Cuando su tío abuelo se va a Bali y le dona en vida un tercero de noventa y seis metros en Chamberí, lo primero que hace es la cuenta.
Y la cuenta dice: vender.
Lo que no dice la cuenta es que en ese piso hay un gato de esmoquin que se llama Pelayo, que come a las ocho y media en un plato de La Cartuja, que no tolera los diminutivos, que se sienta delante del felpudo hasta que la visita se limpia los zapatos y que, cuando algo no le parece bien, gira la cabeza exactos cuarenta y cinco grados y cierra los ojos.
Tampoco dice que hay una derrama de 9.400 euros.
Ni que el único ser humano al que ese animal tolera sin condiciones es Manu, el manitas del edificio: vive en la antigua portería, arregla cerraduras de 1927 por veinte euros y tiene la costumbre de tocar las cosas con dos dedos y decir "Esto es de origen".
A Claudia eso la mosquea bastante, más de lo que está dispuesta a admitir.
Y, por otro, al gato Tinta, en una novela 'cozy mystery': El Club de Lectura de los sospechosos, de Mateo Cendral.
Sinopsis comercial:
Vera Luján solo quería decidir si vendía La Buena Letra, la librería que heredó de su tía en el pequeño pueblo costero de Puerto Lumbre. Pero, durante una tranquila reunión del club de lectura, el célebre novelista Leandro Ferrer ocupa la sexta silla y hace un anuncio inquietante: Su libro más famoso esconde un crimen real. Y alguien alrededor de la mesa conoce el final.
Entonces, se apagan las luces.
Cuando regresan, Leandro está muerto en el almacén. Un sujetalibros de bronce ha cambiado de lugar, un sobre verde ha desaparecido y todos los presentes ocultan algo: una amenaza, un amor secreto, un manuscrito robado, una firma imposible…
Mientras la inspectora Elena Valcárcel reconstruye los hechos, Vera empieza a leer a los sospechosos como si fueran libros mal corregidos. Pero será Tinta, el gato naranja de la librería, quien haga caer de bolsos, estanterías y abrigos las pistas que nadie quería mostrar.
Para descubrir al asesino, Vera tendrá que resolver un misterio que comenzó décadas atrás y devolverle su nombre a una autora a la que intentaron borrar de su propia historia.
El club de lectura de los sospechosos es un misterio cozy independiente, lleno de secretos literarios, humor, café caliente, atmósfera marinera y un crimen inteligente sin violencia gráfica.
(5)