¡La mini mochila de Top Model viene con sorpresa!
Dentro hay una mini libreta, una mini goma de borrar y un mini lápiz.
¡La mini mochila de Top Model viene con sorpresa!
Dentro hay una mini libreta, una mini goma de borrar y un mini lápiz.
Vi este bolso en el escaparate de una tienda por la que voy de vez en cuando porque siempre tienen cosas bonitas con gatos.
La cuestión es que los habían vendido todos y solo quedaba ese, por lo que quedamos en que me llamarían cuando desmontaran el escaparate, salvo que hubiera otro en el almacén. Así fue. A los pocos días me telefonearon y lo fui a recoger muy contenta.
Vale, que es de Top model y es una marca para adolescentes... Tampoco creo yo que las mayores no tengamos derecho a llevar este precioso bolso, ¿verdad? Al que no le guste, que no mire. Y si mira y se ríe de mí, pues qué bien, pues la risa es muy sana.
Llegados a este punto, no debería importarnos lo que opinen los demás, aunque reconozco que es un poco inevitable; tal vez por complejos adquiridos en el pasado y no superados, o por falta de confianza propiciada por críticas de personas cercanas. Siempre he dicho que no se puede agradar a todo el mundo y que deberíamos anteponernos a los demás y aquí estoy, justificando haber comprado un bolso "juvenil" de Top model, con gatos, a una edad en la que, se supone, debería llevar complementos "serios".
Hace cosa de un mes, el otro humano trajo a casa este bolso gris que le habían regalado en el trabajo por una promoción de no sé qué cosa. El caso es que me encantó porque, casualidades de la vida, no tengo ningún bolso en este color.
Cuando se lo dije, me miró y me instó a que lo abriera."¡Anda, pero si es una merendola!", dije. "¡Pues me encanta y lo voy a utilizar como bolso! Ahora solo tengo que comprar un parche de esos que se pegan con la plancha para tapar la marca comercial y listo."
Y ahí me tienes a mí, haciendo una búsqueda por Amazon porque ya no quedan mercerías para comprar este tipo de productos y si queda alguna, no tengo ni la menor idea de dónde puede estar.
Buscando, buscando, me salen unos parches con gatos. Vienen 3 diferentes. Miro las medidas (es muy importante este detalle porque luego igual son o pequeños o grandes y hay que devolverlos con el consiguiente gasto de tiempo y desilusión) y me cuadran perfectamente con lo que quiero tapar en el bolso. Los pido. Cuando llegan, decidir cuál voy a poner es toda una odisea porque los 3 son preciosos.
En mi opinión, la merendola transformada en bolso ha quedado muy muy bien.
Los otros 2 parches gatunos irán, posiblemente, a otros bolsos que tengo de tipo tela vaquera que suelo adornar con pañuelos de cuello o con broches gatunos porque no tienen ningún adorno. O puede que los ponga en algún roto de un pantalón, o en una camiseta... ¡Ya veré y te lo cuento!
El domingo, volviendo a casa después de un paseo por Gijón, vi la nueva colección de bolsos de Anekke.
No tengo ninguno de esta marca, no porque no me gusten, sino porque no los veo para combinar con la ropa que utilizo.
Sin embargo, en esta ocasión, sí que encuentro un par de ellos que me gustan: el bolso negro redondo y la mochila, especialmente esta última.
No sé si pasaré por la tienda para comprar uno de ellos. Mientras me decido y no, los comparto contigo por si no los has visto y te gusta alguno para ti o para regalar.
Hubo un tiempo en el que viajaba a Valladolid cada mes de septiembre.
Luego, nuestro primo se fue a vivir a otra ciudad. Después nos confinaron. Al año siguiente, él volvió a sus raíces, pero no me apetecía viajar. Este año, por fin, vuelvo a ir unos días y, sin ninguna duda, visitaré la tienda A loja do gato preto.
Esta merendola la compré más como bolso y así la he usado unas cuantas veces. No recuerdo en qué año fue. No se me ocurrió anotarlo, como muchas otras cosas, aunque no creo que importe.
De este diseño de gatos, compré otra cosa más: un tazón de medio litro para infusiones que he usado mucho; está un poco chascado. Tengo que recordar hacerle una foto para traerlo al blog.
Desde entonces, he aprendido que no tiene sentido guardar nada para un "más tarde", "una ocasión especial", "una visita". Desde entonces, han pasado tantas cosas que he sacado de las cajas y cajones todo aquello que sería para un futuro y disfrutarlas ahora porque mañana ya es futuro y no sabemos qué nos depara.
Algunas cosas con gatos las publico nada más comprarlas. Otras, cuando ya no se pueden utilizar más porque se han roto o deteriorado por el uso.
El caso de esta bolsa grande, casi una maleta de fin de semana, es que se ha roto el asa y no tiene arreglo.
Cumplió su cometido durante varios años y se tiene que ir; que ocupe un espacio en casa, estando como está rota, es un desperdicio.
Recuerdo perfectamente el día que la compré: era un sábado, 8 de octubre de 2016.
Fuimos a Candás a pasear y tomar un café. La vi en una de esas tiendas típicas de los lugares de costa en las que puedes encontrar desde un chubasquero hasta una caja de pastas, pasando por infinidad de recuerdos: pulseras de conchas, postales, llaveros, camisetas, tazas y un largo etcétera.
Que no los busco, está claro. Pero la casualidad de encontrar cosas con gatos no la voy a desperdiciar, menos cuando se trata de un bolso que nunca vienen mal y, más, cuando los gatos son una monada y los colores, un avance del otoño. Ya me he dado por vencida ante la evidencia de mi devilidad coleccionista. Que conste que había otro bolso con caritas de gatos y lo dejé en la tienda sin intención de volver a por él.
Lo que sí que me sorprendió fue el éxito que obtuvo en el Facebook de gata Rassel (ya no existe, nos fuimos a primeros de 2022) llegando casi a 100 los me gustas, además de comentarios de alabanza y mostrado a unas 1000 personas.
¡Ya me gustaría conseguir lo mismo cuando comparto un libro!
En fin, así somos los humanos. Nos dejamos sorprender por algo insignificante, algo material, solo por el hecho de ser algo bonito.