12/11/2021

El tigre y las ovejas

Cuenta la leyenda que en una selva poblada de animales, una tigresa embarazada salió en busca de alimento.
A lo lejos vio un rebaño de ovejas pastando tranquilamente, así que, sin pensárselo dos veces, decidió ir a por una. Al percatarse de su presencia, las ovejas empezaron a correr aterrorizadas, pero la felina, al ser un animal mucho más rápido, consiguió cazar una, lo que permitió al resto volver a la calma.
Fue tal el esfuerzo que tuvo que hacer en la carrera que, cuando se disponía a comerse a su presa, se puso de parto, con tan mala fortuna que acabó falleciendo, dejando indefenso al bebé tigre que acababa de traer al mundo.
El cachorro, al abrir los ojos, contempló al grupo de ovejas que le rodeaban, por lo que creyó que era su familia, su manada. Así pues, el tigre se convirtió en una oveja más, por lo que su comportamiento era el propio de una oveja: pastaba, balaba, pero no rugía.
 
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Fueron pasando los años y el tigre, ya adolescente, estaba totalmente integrado en el rebaño. Hasta que un día, un tigre adulto que paseaba por allí contempló la escena y no dio crédito a lo que observaba. Le pareció una aberración de la naturaleza. Se preguntaba cómo podía ser que un animal tan fiero y salvaje se creyera una criatura débil y miedosa. Su indignación era tal que no podía permitirlo, así que se abalanzó sobre el rebaño, alcanzando a una oveja y agarrando por el cuello al tigre adolescente, al que se llevó a un lugar apartado. Allí obligó al joven felino a rugir. Este emitió un sonido que al tigre adulto le pareció ridículo.

- ¡Beeeee!

Una vergüenza para su especie.

- ¡Grrrr!, rugió con fuerza el tigre adulto. Ahora tú, le dijo, vuelve a intentarlo.

- ¡Grrrrbeeee!, consiguió rugir en el segundo intento.

Esto no puede quedar así, pensó el tigre adulto.

Cogió la oveja muerta y, acercando la boca del joven a ella, le obligó a pegarle un mordisco.
El pobre tigre adolescente estaba aterrorizado. ¿Cómo se iba a comer a un miembro de su familia? Eso era canibalismo. Pero como sabía que le iba la vida en ello, acabó cediendo a la imposición y probó un poco de carne. Su sorpresa fue mayúscula al percatarse de que su sabor le resultaba delicioso y que, además, dentro de sí, no había remordimiento alguno, ya que sentía como si lo que acababa de pasar formase parte de su naturaleza.

Después de ese primer bocado, se sucedieron varios más, por lo que el joven acabó rugiendo como lo que es un hermoso y salvaje tigre: ¡Grrrr! 

Leyenda sufí.

 

Ese rugido es lo que los sufíes llaman el despertar de la conciencia, darse cuenta de quién somos en realidad.

Somos como el tigre criado entre ovejas, yendo por la vida mostrando una personalidad equivocada, contraria a nuestra naturaleza.

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