En este relato con gatos del autor japonés Kenji Miyazasa, se tratan 2 situaciones bastante conocidas entre los humanos: acoso laboral y despido silencioso.
La oficina gatuna, Kenji Miyazasa, fue publicado en 1926, repito: 1926. Tiene el formato de fábula, utilizado desde hace miles de años para criticar comportamientos, trasmitir valores, siendo una forma entretenida y sencilla de educar y, también, para llegar a peques y adultos con poca formación.
Personajes de La oficina gatuna:
Director: Gato Negro
Primer Secretario: Gato Blanco
Segundo Secretario: Gato Atigrado
Tercer Secretario: Gato Carey
Cuarto Secretario: Gato Ceniza
Las nuevas generaciones (las del siglo XXI) piensan que esto del acoso no existía antes de nacer ellos. Es cierto que los teléfonos móviles y el acceso a las redes sociales han ampliado la difusión y el alcance de estos deplorables comportamientos humanos. Antes, se quedaban en un grupo reducido, bien en las oficinas, bien en los colegios, mientras que, en la actualidad, pueden llegar a miles y decenas de miles de personas.
El autor de La oficina gatuna, ya a principios del siglo XX, nos muestra que el acoso, laboral en este caso, era habitual entonces, después y ahora, que es algo innato a (¿los gatos?) los humanos.
Que sean gatos y no personas permite no tener que describir las diferentes formas de ser de cada uno de los compañeros acosadores y hace que la historia sea más ágil y no se juzgue o justifique pudiendo, además, llegar a ser mejor entendida por personas con nula preparación académica, bastante común hace un siglo.
Al utilizar personajes gatunos seguro que su intención era buscar la compasión en el lector hacia un pobre e inocente gatito al que sus compañeros desprecian e ignoran sin ningún motivo.
Uno ve un gato trabajador, bueno e inocente en Gato Ceniza y a 3 gatos envidiosos y mentirosos que, sin que Gato Ceniza hiciera nada incorrecto, se unen para aislarlo y poner en contra también al jefe.
Yo divido a las personas en 4 grupos: víctima, acosadores, indiferentes, y leones (atendiendo al ejemplo del autor)
Necesitamos más leones que alcen la voz y defiendan a los débiles.
Por mi parte, he sido león en varias ocasiones, especialmente protegiendo a compañeras de clase de otras chicas que las amenazaban e insultaban. Esto me ha ayudado a defenderme cuando me he encontrado con acosadores que querían destruirme. Nunca llegué a ser víctima porque sabía cómo actuar ante ese tipo de gente despreciable.
Nunca fui ni seré acosadora ni indiferente. En lo que pueda y esté a mi alcance, siempre combatiré estas malas artes.


0 comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario. ¡Miaumuac! ~.~)=