25/6/20

Los gatos de Virginia Woolf no tienen una habitación propia

Tal vez he tardado mucho en leer Una habitación propia, de Virginia Woolf. Tanto, que en lugar de meterme en polémica política y/o social comentando si estoy o no de acuerdo, en todo, en nada o en parte con lo que escribe en su ensayo, y ya que he encontrado menciones a gatos, pues voy directa a ello y que cada "una o uno" lea su obra y lo analice según le convenga.

A "las y los" jóvenes les recomiendo que no se dejen influir por opiniones externas, comentarios de "otras mujeres u otros hombres" que dicen haberlo leído y te contarán su versión. Que sea siempre tu versión, tu interpretación, tu valoración, la que prevalezca, porque eso es lo que Virginia Woolf pretende con sus palabras: que pienses por ti "misma/mismo".

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Vamos entonces a lo nuestro, que son los gatos.
Primera mención:

..."Si por suerte hubiera habido un cenicero a mano, si a falta de él uno no hubiera tenido que echar la ceniza por la ventana, sin duda no hubiera visto un gato sin cola. La visión de aquel animal abrupto y truncado cruzando suavemente el patio con su andar acolchado, cambió para mí, por una carambola de la inteligencia subconsciente, la luz emocional. Era como si alguien hubiera dejado caer una sombra. Quizás el excelente vino del Rin está aflojando su presa. Lo cierto es que, viendo al gato detenerse en medio del césped como si también él se interrogara sobre el universo, me pareció que faltaba algo, que algo era diferente. Pero, ¿qué faltaba?, ¿qué era lo que era diferente?, me pregunté a mí misma.
.... Me eché a reír y tuve que explicar mi risa señalando el gato, que efectivamente tenía un aire un poco absurdo, pobre bicho, sin cola, en medio del césped. ¿Había nacido así o habría perdido su cola en un accidente? El gato sin cola, aunque dicen que hay algunos en la isla de Man, es un animal más raro de lo que suele creerse. Es un animal extraño, más pintoresco que hermoso. Es curioso lo que lo cambia a uno una cola."

Segunda mención:

... "Le dijo a una señora que le pidió información, que los gatos, en realidad, no van al paraíso, aunque tienen, añadió, almas de cuarta clase. ¡Cuántas cavilaciones le ahorraban a uno estos ancianos caballeros! ¡Cómo retrocedían, al acercarse ellos, las fronteras de la ignorancia! Los gatos no van al cielo. Las mujeres no pueden escribir las obras de Shakespeare."


Cuando escribía la entrada, tenía la intención de analizar estos dos párrafos, con mi interpretación, por supuesto. Pero de vuelta, tras unos días de reflexión, pensé: "¿Para qué? ¿Quién se va interesar por lo que yo piense al respecto de estas menciones de gatos en un libro tan profundo y bien considerado de una escritora consolidada?"

Efectivamente, nadie en absoluto. Así que lo dejo aquí. Si alguien quiere debatirlo, puede dejar un comentario en el blog, o ir a las redes sociales en las que lo compartiré. Sinceramente, escribir por escribir es una tediosa labor.



Título: Una habitación propia
Autora: Virginia Woolf
Edición digital 2016
Greenbooks Editore

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