30/6/20

Bicicletas blancas

Dicen que no hay que empezar las casas por el tejado. No a construirlas, por lo menos. Sin embargo, dependiendo del diseño que desees hacer, en alguna ocasión sí que habría que dibujar primero el tejado y luego, el resto del edificio.
Esto es lo que me sucedió con El diario de Ana Frank. Llevo años queriendo leerlo sin encontrar el momento. Incluso me regalaron la edición ilustrada -preciosa, por cierto-. Entonces pensé que sería mejor leerlo antes el original, porque, es evidente, no toda la historia estaría contada en imágenes.
Hace un par de semanas, haciendo una búsqueda en Kindle Unlimited descubrí Bicicletas blancas, de Marisa López Soria. No estaba disponible en la plataforma, así que lo busqué y lo encontré en la Biblioteca Municipal El Llano, Gijón.
Y aquí vengo a dos cosas: lo he leído y me ha gustado mucho (luego lo cuento) y he comprado en papel el libro El diario de Ana Frank que leeré primero, y después, la ilustrada.

Ya ves, era lógico lo que te comentaba al principio. Bicicletas blancas es el tejado, es la novela que me ha ayudado a construir el resto de la casa o, mejor dicho, la línea de lectura.

bicicletas-blancas


Roberto. Por su 13 cumpleaños (la misma edad de Ana) su abuela le regala un diario que decide utilizar para dejar por escrito lo que va a vivir en esas peculiares vacaciones que han programado sus padres: pasar julio y agosto en Ámsterdam para aprender inglés.
No es una experiencia que le apetezca mucho, hasta que llega, conoce a su profesora, Shanti, el diario de Ana, la ciudad, otras ciudades, la comida y, de alguna forma, comprende que ese va a ser el viaje de su vida.

Roberto despierta, gracias a la lectura del diario de Ana, a un mundo muy diferente al suyo. Es joven y al igual que ella, no comprende los motivos por los que los mayores juzgan al ser humano en función de su procedencia. Todos deberíamos de ser iguales y solo juzgados si cometiéramos algún acto delictivo, y no por nuestras creencias religiosas, políticas o de color de piel. Tal vez la inocencia de la adolescencia debería perdurar un poco más. Tal vez hasta que nos muramos de viejos.

Los gatos no tienen mucho protagonismo en esta novela. Gabriela es la dueña de la casa en la que Roberto y su madre van a pasar el verano mientras ella se va a Italia. Con ellos deja a sus dos gatos y las instrucciones para la comida.
Como se les olvida preguntarle sus nombres, pues se los inventan: al gato blanco le llamarán Jan-Vincent y a la gata negra con un  lunar blanco en la pata izquierda, Saskia.
Algo curioso que se le ocurre a Roberto y me ha hecho gracia, es preguntarse qué pensarán los gatos de ellos, hablando en otro idioma; si les entenderán o les dará lo mismo.
En la vida real, supongo que podrían haber llamado a la mujer en cuestión y preguntarle cómo se llamaban sus gatos. Por otro lado, ¿quién deja dos gatos al cuidado de unos desconocidos y no se preocupa de telefonear, al menos una vez a la semana, para saber cómo están? Bueno, es ficción, no voy a darle más vueltas.



Título: Bicicletas blancas
Autora: Marisa López Soria
Editorial: Espasa juvenil
Año: 2000
Páginas: 160


Esta es la portada de la versión kindle. Me parece igual de bonita que la edición en papel.

Notas:

En esta novela, las bicicletas blancas tienen un significado que me gustaría descubrieras por ti mismo.

Aunque se trata de una novela para adolescentes, los mayores la vamos a disfrutar de igual modo. Conoceremos de boca de Roberto, las diferentes ciudades de Holanda y sus costumbres, las relaciones entre adolescentes y progenitores, los acontecimientos que, de forma inesperada, "obligan" a los jóvenes a madurar antes de tiempo.

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